El crecimiento rara vez colapsa de forma repentina. Primero pierde coherencia por dentro. He visto este patrón repetirse en empresas de distintos tamaños: los números suben, la facturación crece, los objetivos se cumplen — y sin embargo, algo empieza a sentirse frágil. Más presión para mantener el ritmo. Más dependencia de ciertas personas. Más decisiones